El cuarto desnudo

| The Naked Room

MX | 2013 | 67 min | DCP | Ahora México



*Estreno mundial*

Función con presencia de talento

Viernes 22 de febrero, Sala Juan Ruiz de Alarcón 18:30 hrs.

Una única locación (interior): un consultorio. Los protagonistas: niños y adolescentes; en segundo plano (categórico), los padres acongojados, afligidos, derrotados. El gozne narrativo: el psiquiatra pediátrico. Un marcado compromiso: escudriñar en los traumas y pesadillas de la base generacional de la clase media mexicana. Herramientas: cine directo, acompañamiento, observación; montaje asertivo. En este segundo largometraje documental de Nuria Ibáñez Castañeda, la cámara se mimetiza con la austera decoración al interior de un consultorio de psiquiatría infantil en un hospital del Distrito Federal. Asistimos a un compendio de sesiones entre el psiquiatra y diversos pacientes, algunos asisten acompañados de sus padres, otros, por su cuenta. La directora, por lo demás, presta especial atención al espectador. En ángulo semifrontal —el eje permanece siempre entre médico y paciente— presenciamos las consultas; varios de los casos terminan en la decisión de someter a los pacientes a tratamientos específicos, o bien, de proseguir con su inmediata internación y medicación. Todo sucede en presencia de los padres —la presencia de los padres es notable, inclusive en las sesiones donde no están físicamente.

Si en La cuerda floja (2009) —que “no es un documental de observación, sino un documental de provocación”— la directora se tomó licencias como la planificación de escenas y de puesta en cámara para el registro de las motivaciones e ideales de los dueños del circo Aslán de Texcoco, en El cuarto desnudo Ibáñez Castañeda se vale de un acercamiento a la intimidad convulsa de las familias populares mexicanas a partir del testimonio, para iluminar facetas de la sociedad que suelen permanecer en la sombra por pertenecer al ámbito doméstico. Aquí, la desesperanza infantil, el desaliento prematuro, no es sino el reflejo de una sociedad asustadiza y confundida, una patria disfuncional de mirada escurridiza y proclive al silencio incómodo, sometida a tratamientos que —si interpretamos el tono que propone Ibáñez Castañeda en su pertinente documental— difícilmente serán alternativas al escarnio y la automutilación.

Maximiliano Cruz